viernes, 10 de agosto de 2012

Crueldad.

Es ella quien me atormenta por las noches, quien me mantiene despierta para que no olvide en qué lugar estoy. Ella, tan bella, quien resucita los peores sentimientos, los más profundos miedos, e incluso las envidias más insanas. Es ella quien me zarandea mientras camino, quien ahoga mis suspiros y me impide hablar. Es ella quien me ha recordado que no puedo recordar. Tu adorada crueldad.
Poner un pie en el suelo y volver a arrodillarme sobre la cama, temerosa de que se esconda bajo mi cama. Gritar internamente esperando que alguien escuche, que alguien me tome en brazos y me haga ponerme en pie. Con las luces apagadas y la persiana bajada de tal forma que ni un mísero ápice de luz pueda colarse en mi vida, me planteo si alguna vez te has sentido así, con tal miedo paralizante que no te permite respirar... Si eso es lo que te ha convertido en un ser así.
Perder las fuerzas y preguntarme si aún queda alguna más... Y si la hay, ¿por qué no se desvanece ya? Es más sencillo yacer en el suelo observando la nada, careciendo incluso de la capacidad de pensar, que preguntarme si realmente debería dejar la luz entrar.

Me pregunto qué es lo que mueve a algunas personas a cambiar sus nombres por "crueldad". El pasado pesa y siempre va a pesar pero no podemos respaldarnos en él para exculparnos de todos aquellos errores que cometemos; si él pesa, el futuro exige. Si alguna vez has querido hacer tanto daño que las fuerzas te han fallado para impedírtelo, quizás aún tengas un ápice de inocencia y bondad. Y sin embargo las fuerzas de otros parecen aumentar conforme el ansia por dañar crece en su interior.
Es muy sencillo dañar a quien ya está roto. Es muy fácil escoger un objetivo que no puede volverse en contra del verdugo, un objetivo que prefiere ser decapitado antes de volver a ver la cara de quien sostiene la guadaña. Es tan terriblemente simple clavar agujas envenenadas poco a poco, de forma que solo el objetivo pueda notar el dolor, que hay quien parece encontrarlo poético... Y para mí es, simplemente, patético.

Y yo me pregunto: ¿Qué sentido tiene vivir para hacer daño a los demás? ¿Tanto placer se siente al escupir palabras sin sentido fruto de la envidia para provocar un daño pasajero? ¿Se puede ser feliz siendo objeto de odio, rabia y desprecio por no ser capaz de reconocer un error y enmendarlo? ¿Es interesante observar cómo tu vida se desmorona por aquello a lo que renunciaste a cambio de que tu nuevo nombre sea "crueldad"?

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