Creo que es el tiempo. Todo mi alrededor habla sobre sus miedos e inseguridades, sobre lo que no pueden hacer, sobre qué les frena... Pero nadie me ha preguntado en ningún momento cómo escapar de ese círculo vicioso en el que no pueden dejar de correr. ¿Es que no son conscientes de que en algún momento se deshidratarán, de que tendrán que parar y entonces no encontrarán una salida?
Sí, será el tiempo, cómo no. A alguien tendré que culpar, ¿no? Sería simplemente injusto y contra natura decir que todo nace de mí y que todo depende de mí, ¿verdad?
Nadie está hablando de ser Juan Sin Miedo. Pensemos: cuando tenemos la certeza de haber hecho un examen bien no tenemos miedo el día de las calificaciones, pero si lo hemos hecho mal posiblemente pasemos unas cuantas noches sin dormir o nos llevemos cierto disgusto ese día. Y en eso consiste. Cada miedo e inseguridad que aparece en tu cabeza es infundido, aunque no recuerdes por qué. Basta un ínfimo pensamiento que origine una cadena de pensamientos negativos para hacerte sentir rechazo incluso a lo más natural, como la oscuridad. Y de ahí no se va a mover; no vas a despertarte un día sin ese miedo, a menos que seas tú quien le ponga remedio. Yo no vendo consejos pero me permitiré citar a un conocido: "¿Tímida? No sabes las oportunidades que habré perdido yo por eso, quítatelo". No se trata de un psicólogo, maestro o doctor pero si somos capaces de llegar más allá, de analizarlo con detenimiento, encontramos que la timidez es una inseguridad y que las oportunidades son la vida cotidiana, todo aquello que se nos presenta día a día y con lo que tenemos que convivir; finalmente culmina diciendo que las perdió, que perdió esas oportunidades y con una imperativa me obliga a dejar de serlo. Sí, él es tan consciente como yo de que no puede obligarme, pero nunca está de más una pequeña torta para espabilar. Sabía perfectamente qué estaba queriendo decir con esa frase y es realmente a lo que voy.
Lo más curioso de todo es que le hice caso. Sé perfectamente que esto no es de interés, pero esa frase dicha en el momento exacto lo cambió todo. No soy buena con frases cortas (y creo que tampoco lo soy con frases extensas, ni con textos...), así que no seré yo quien siente cátedra. Me considero un simple ejemplo más dentro de tantos millones que existen por el mundo y que van purulando por ahí (aunque seguramente sea el más común y carente de interés de todos y os gustaría más que hablase de cómo un pigmeo perdió el miedo a montar en oso, ¿verdad?) y es por considerarme un ejemplo por lo que me siento obligada a exponer públicamente mi opinión sobre este tema, ya que paradójicamente tengo miedo a hacerlo en privado.
El miedo duele eternamente y las inseguridades te consumen durante ese mismo período de tiempo y con lentitud. Cuando actúas, el golpe es directo y contundente, puede que cuente con un eco repetitivo, pero no durará para siempre; no podrás hacerte la pregunta del millón, esa que te consumirá toda la vida y que dice algo así como: "¿Y qué hubiera pasado si...?" Estás muy equivocado si quieres vivir con esa frase de por vida, te estás hundiendo en un pozo de mierda mental (sí, he dicho mierda y no me creo Arturo Pérez Reverte) del que nadie va a sacarte porque contra los miedos no existen cuerdas, no si no estás dispuesto a aferrarte a una. Está en tu mano tomarla o no; a mí me sobran y no me canso de tenderlas porque en determinados momentos prefiero hacer músculo y aguantar el peso de otros a que ellos se caigan.
Dejo a libre elección (ya que no quiero ser drástica y usar un imperativo) la lectura entre líneas.
jueves, 15 de diciembre de 2011
sábado, 8 de octubre de 2011
Tócala.
Allí, justo frente a ti, en el alféizar de mi ventana, se halla una rosa roja; tómala. Que no te estremezcan sus espinas, que son lo más suave de ella que vas a tocar.Acércala con cuidado a tu nariz e inspira su olor una vez y no más. Si mi memoria no falla, desprende aroma de juventud, de vitalidad, de sueños y de ansia por amar...
Déjala de nuevo en su lugar y regresa cuando el frío azote mi ventana.
Aquí te encuentras una vez más. La misma rosa que dejaste tiempo atrás, congelada y mustia, ningún tipo de aroma desprende ya. Su juventud voló cuando el aire la llamó y la vitalidad se dejó marchar; perdió sus sueños en un último despertar que sus pétalos jamás volvieron a nombrar; el ansia por amar, por amarte una vez más, desapareció con los primeros copos de nieve, con tu ausencia y mi fiebre...
¿Acaso no fui yo quien rogó tu regreso cuando el frío azotara mi ventana? ¿Y dónde estabas, ruín traidor, cuando empezaba a temblar con las primeras gotas de una lluvia helada? No es hasta que hiela cuando tu corazón se descompone, llorando por la rosa mustia que ahora recoges.
No dejes que se hiele mi rosa.
Inspira su aroma, hazlo una y otra vez, pues no te lo vendo en un frasco, sino que te lo regalo siempre y cuando aquí estés. Los días de Enero es posible que no sepan a juventud, pero si esperamos a Marzo volverá aquella inquietud. De Marzo a Julio quizás esté rendida, hecha migas, para el arrastre... aguardemos Agosto con su sol radiante, que las penas se irán, si no se han ido antes. Quizás entonces no pueda dormir y mis sueños se desvanezcan como tiernas fantasías infantiles, e incluso si sé que puede que hasta Diciembre no regresen, déjame una almohada y dime que me quieres.
Porque mi rosa no va a conservar el mismo aroma cada día y sé que tu paciencia no es reina de tu carácter, ni princesa si quiera, y que quizás plebeya sea un título excesivo para ella... pero si aguardas conmigo todos los días del año, puedo prometerte que siempre olerá a pasión, que sé que ese fuego no se apaga y que tú avivas mis llamas.
Pínchate con mis espinas, yo lameré tus heridas de miel.
Déjala de nuevo en su lugar y regresa cuando el frío azote mi ventana.
Aquí te encuentras una vez más. La misma rosa que dejaste tiempo atrás, congelada y mustia, ningún tipo de aroma desprende ya. Su juventud voló cuando el aire la llamó y la vitalidad se dejó marchar; perdió sus sueños en un último despertar que sus pétalos jamás volvieron a nombrar; el ansia por amar, por amarte una vez más, desapareció con los primeros copos de nieve, con tu ausencia y mi fiebre...
¿Acaso no fui yo quien rogó tu regreso cuando el frío azotara mi ventana? ¿Y dónde estabas, ruín traidor, cuando empezaba a temblar con las primeras gotas de una lluvia helada? No es hasta que hiela cuando tu corazón se descompone, llorando por la rosa mustia que ahora recoges.
No dejes que se hiele mi rosa.
Inspira su aroma, hazlo una y otra vez, pues no te lo vendo en un frasco, sino que te lo regalo siempre y cuando aquí estés. Los días de Enero es posible que no sepan a juventud, pero si esperamos a Marzo volverá aquella inquietud. De Marzo a Julio quizás esté rendida, hecha migas, para el arrastre... aguardemos Agosto con su sol radiante, que las penas se irán, si no se han ido antes. Quizás entonces no pueda dormir y mis sueños se desvanezcan como tiernas fantasías infantiles, e incluso si sé que puede que hasta Diciembre no regresen, déjame una almohada y dime que me quieres.
Porque mi rosa no va a conservar el mismo aroma cada día y sé que tu paciencia no es reina de tu carácter, ni princesa si quiera, y que quizás plebeya sea un título excesivo para ella... pero si aguardas conmigo todos los días del año, puedo prometerte que siempre olerá a pasión, que sé que ese fuego no se apaga y que tú avivas mis llamas.
Pínchate con mis espinas, yo lameré tus heridas de miel.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
