Allí, justo frente a ti, en el alféizar de mi ventana, se halla una rosa roja; tómala. Que no te estremezcan sus espinas, que son lo más suave de ella que vas a tocar.Acércala con cuidado a tu nariz e inspira su olor una vez y no más. Si mi memoria no falla, desprende aroma de juventud, de vitalidad, de sueños y de ansia por amar...
Déjala de nuevo en su lugar y regresa cuando el frío azote mi ventana.
Aquí te encuentras una vez más. La misma rosa que dejaste tiempo atrás, congelada y mustia, ningún tipo de aroma desprende ya. Su juventud voló cuando el aire la llamó y la vitalidad se dejó marchar; perdió sus sueños en un último despertar que sus pétalos jamás volvieron a nombrar; el ansia por amar, por amarte una vez más, desapareció con los primeros copos de nieve, con tu ausencia y mi fiebre...
¿Acaso no fui yo quien rogó tu regreso cuando el frío azotara mi ventana? ¿Y dónde estabas, ruín traidor, cuando empezaba a temblar con las primeras gotas de una lluvia helada? No es hasta que hiela cuando tu corazón se descompone, llorando por la rosa mustia que ahora recoges.
No dejes que se hiele mi rosa.
Inspira su aroma, hazlo una y otra vez, pues no te lo vendo en un frasco, sino que te lo regalo siempre y cuando aquí estés. Los días de Enero es posible que no sepan a juventud, pero si esperamos a Marzo volverá aquella inquietud. De Marzo a Julio quizás esté rendida, hecha migas, para el arrastre... aguardemos Agosto con su sol radiante, que las penas se irán, si no se han ido antes. Quizás entonces no pueda dormir y mis sueños se desvanezcan como tiernas fantasías infantiles, e incluso si sé que puede que hasta Diciembre no regresen, déjame una almohada y dime que me quieres.
Porque mi rosa no va a conservar el mismo aroma cada día y sé que tu paciencia no es reina de tu carácter, ni princesa si quiera, y que quizás plebeya sea un título excesivo para ella... pero si aguardas conmigo todos los días del año, puedo prometerte que siempre olerá a pasión, que sé que ese fuego no se apaga y que tú avivas mis llamas.
Pínchate con mis espinas, yo lameré tus heridas de miel.

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